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miércoles, 19 de octubre de 2011

PROYECTO DE ESCRITOR

BIBLIOGRAFÍA NEGRO SOBRE BLANCO


















En una ocasión, le preguntaron a Hemingway qué consejo le daría a un escritor principiante y él respondió: Digamos que debería ahorcarse, porque escribir bien es intolerablemente difícil.

No recomendamos llegar a las medidas desesperadas propuestas por el autor de Por quién doblan las campanas pero es cierto que esta cita muestra lo complicado de esta tarea que, a bote pronto, muchos consideran banal o extremadamente sencilla. Curiosamente, estos últimos son aquellos que nunca se han enfrentado a una página en blanco, a ese escalofrío que recorre el cuerpo del escritor ante ese níveo universo de potencialidad infinita. Superado ese miedo y una vez que se ha comenzado a trenzar palabras y frases con mayor o menor tino, comienza un arduo trabajo de búsqueda, corrección y reescritura. Flaubert, que invirtió más de cuatro años y medio de su vida en escribir Madame Bovary cuenta en sus cartas los quebraderos de cabeza que le produjo su gran obra y cómo luchaba cada día para encontrar la palabra justa” y alguna musa tachando y reescribiendo, vagando por la casa mientras probaba suerte en todos los muebles (les recomendamos la edición de bolsillo de Alianza Editorial que incluye las cartas y prólogo de Vargas Llosa). Afortunadamente, las dificultades son superadas con creces por el placer que experimentan los espíritus creativos en dejar negro sobre blanco historias de todo tipo, brindando a los lectores una satisfacción aún mayor.

El escritor ¿nace o se hace? Autodidactas hay y muchos, pero autores por ciencia infusa, ninguno. Los grandes escritores siempre son grandes –voraces, empedernidos incluso– lectores. Leen por puro placer pero lo hacen buscando ‘las costuras’ de esa obra que admiran y tienen entre manos, maravillándose por el lenguaje y la estructura, pero también pensando: ¿Cómo lo ha hecho? Si ustedes quieren dedicarse a juntar letras, lo primero que deben hacer es leer. Mucho. Y más. Y aún más. También les servirán de mucho los talleres de escritura.


Autores como Carver, Don DeLillo, Amy Hempel o Richard Ford, por ejemplo y no son los únicos, asistieron a ellos y compartieron a un gran profesor: Gordon Lish. Pero también son sumamente útiles algunos libros de y para escritores. Edith Wharton, la primera mujer en lograr un Pulitzer, es la autora de Escribir Ficción (Ed. Páginas de Espuma), una deliciosa colección de ensayos en la que la autora de La edad de la inocencia habla sobre el proceso de escritura del cuento y la novela, con humildad y sin tecnicismos, mostrando su experiencia propia y su admiración por los grandes. En la misma editorial, se encuentra editado Después apareció una nave. Manual para nuevos cuentistas de Guillermo Samperio, más formal en cuanto a lo pedagógico que el anterior pero igualmente ameno y salpicado de experiencia propia y de la de muchos de los grandes del relato breve a los que utiliza como ejemplo. Y si de grandes cuentistas hablamos, Harold Bloom –al que, en vez de la fuerza, siempre acompaña la polémica– en su libro Cuentos y cuentistas hace un recorrido por una selección de autores de referencia en este campo: de Andersen a Carver, pasando por Kafka, Chéjov, Borges o Cortázar.Alba es otra de las editoriales que más ha trabajado en este campo de formar escritores.

En sus colecciones las Guías del Escritor y Talleres se recogen algunos títulos muy útiles en este sentido como Taller de Escritura de Silvia Adela Kohan, un texto breve y práctico con notas básicas para aquellos que dan sus primeros pasos o La trama del cuento y la novela para los que ya tienen ciertas nociones en el terreno. Hay muchos más sobre el conflicto, el estilo, la creación de personajes…. Buceen en su catálogo hasta que encuentren aquel que más se ajuste a sus necesidades. Curioso y muy, muy divertido es Cómo NO escribir una novela (Seix Barral) que firman Howard Mittelmark y Sandra Newman, en el que con ejemplos clarísimos y a la vez disparatados se muestra cuales son los fallos recurrentes en las novelas y da claves para tratar de evitarlos. Pero no todo es cuento y novela.

La escritura puede tomar formas diversas y también hay bibliografía, más reducida eso sí, para ello. Escribir Teatro de Agapito Martínez (Alba) es uno de los escasos manuales que existen para los aprendices de Shakespeare en el que se muestran, paso a paso, las claves para escribir un texto destinado a las tablas. Quizá más técnico que otros pero muy accesible para todos los públicos.

Y claro heredero del teatro es el guión. La ‘biblia’ de los guionistas de cine –y también de televisión– es un inconfundible volumen naranja titulado El Guión (Alba) de Robert McKee un manual imprescindible para aquellos que se vean seducidos por el audiovisual. Una de las últimas novedades en este campo y la misma editorial es Cómo escribir una serie dramática de televisión de Pamela Douglas una fabulosa alternativa para aquellos que se quieran postular como los nuevos guionistas de House, CSI (sin duda necesitan savia nueva), Dowton Abbey (de lo mejorcito de los últimos tiempos) o de El Barco, Hispania, o Los quien (Sí, vale, éstas sí que necesitan guionistas). Ya sea guión, teatro, novela o relato lo que aspiran a escribir, no hay que olvidar las herramientas básicas que muchas veces damos por sabidas y no lo son. El Diccionario de la RAE está online y hay preciosas ediciones que nos sacarán de más de un apuro y nos permitirán utilizar los términos con acierto, lo mismo que la Gramática o la Ortografía aunque estas no son aptas para todos los bolsillos y su manejo no es siempre sencillo.

Una magnífica alternativa son las guías prácticas como la que recientemente ha publicado Espasa junto al Instituto Cervantes titulada, obviamente Guía práctica de escritura y redacción. Un texto breve, práctico y muy sencillo que con ejemplos actuales nos sacará de muchas dudas respecto a temas muy básicos que demasiadas veces damos por sabidos y no lo son. Para completar, en esta misma colección también se encuentra la Guía del Español Correcto y la Ortografía y la Gramática Práctica.

No tengan miedo a la página en blanco, atrévanse, déjense llevar por la imaginación y escriban historias porque para ser escritor, sólo es necesaria una cosa: escribir.

viernes, 23 de septiembre de 2011

SALIR CON CHICAS QUE NO LEEN O LEEN?


SALIR CON CHICAS QUE NO LEEN /
SALIR CON CHICAS QUE LEEN








Algunas razones para tener en mente al momento de escoger entre la chica del bar o la de la biblioteca, la del maquillaje corrido o la del morral repleto de libros.

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

Sal  con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

martes, 12 de julio de 2011

"EL MANANTIAL" EL LIBRO, SESENTA Y DOS AÑOS DESPUES

EL LIBRO
"EL MANANTIAL"

Además de dedicar el libro a su marido, Frank O´Connor, Ayn Rand también se lo dedicó a "la noble profesión de la arquitectura", escogiendo la arquitectura por la analogía que ofrecía con sus ideas: La supremacía del ego, y el individualismo y el egoísmo como virtudes.

El libro fue rechazado por 12 editores, hasta que un editor joven en la editorial Bobbs-Merill le espetó a su jefe: "Si este no es un libro adecuado para usted, entonces yo tampoco debo trabajar para usted".

El título del libro es una referencia a una cita de Ayn Rand: "El ego del hombre es el manantial del progreso humano"

El libro tuvo tal impacto al publicarse que congregó al primer grupo de seguidores alrededor de Ayn Rand (Leonard Peikoff, Nathaniel Branden...). Estas personas se sintieron tan inspiradas por el libro que quisieron conocer a su autora. Este grupo se autodenominó, humorísticamente, "Clase del 43", en referencia al año de publicación del libro, y como distinción con respecto al grupo mucho más numeroso de personas atraídas al movimiento objetivista con posterioridad, especialmente las atraídas tras la publicación en 1957 de La rebelión de Atlas.

Jimmy Wales y "El manantial"El co-fundador de wikipedia, Jimmy Wales, ha citado a El manantial en particular (y a Ayn Rand en general) como una de las fuentes de inspiración de su vida:

"Pero creo que para mí uno de las cosas principales que es muy aplicable a mi vida hoy en día es la virtud de la independencia -es la visión, sabes, si conoces la idea sobre Howard Roark, el arquitecto de El manantial, quien tiene una visión de lo que quiere conseguir y, sabes, hay un momento en el libro en el que está frustrado en su carrera, porque la gente no quiere construir el tipo de edificios que él quiere construir. Y se le plantea una elección, una elección difícil: Comprometer su integridad o abandonar la arquitectura. Y se tiene que ir a buscar trabajo a una cantera. Y ese modelo de hacer las cosas tiene mucho en común con el mío."


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Nueva York, 1932. Cita tomada del libro: "Cambiaría el más bello atardecer del mundo por una sola visión de la silueta de Nueva York. Particularmente cuando no se pueden ver los detalles. Sólo las formas. Las formas y el pensamiento que las hizo. El cielo de Nueva York y la voluntad del hombre hecha visible. ¿Qué otra religión necesitamos?".

ENLACES RECOMENDADOS

http://es.wikipedia.org/wiki/El_manantial

http://www.quedelibros.com/libro/10450/El-Manantial-+-Tomo-1.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Ayn_Rand

http://www.quelibroleo.com/el-manantial-8250.html?PHPSESSID=lssmbpjqf

domingo, 15 de mayo de 2011

SÁBATO, BORGES Y UNA PENA

Por: Antonio Muñoz Monge
Lima - Perú, Domingo 08 de Mayo del 2011
Publicado en el suplemento "El Dominical" del diario "El Comercio"

SÁBATO, BORGES Y UNA PENA

A mediados de los años setenta Borges y Sábato fueron entrevistados por Orlando Barone: sus diálogos quedaron grabados para la posteridad.

“Sé que venían por el pasillo de la casa, tomados del brazo, lentamente. El bastón era un péndulo en las manos de Borges. Entreví dos sombras y detrás a dos hombres y dentro de las sombras y los hombres, entreví el amor y la muerte, la lucha y el arte, es decir: la vida”, escribe el periodista Orlando Barone. Entre diciembre de 1974 y marzo de 1975, el escritor y periodista argentino reunió a los dos más grandes escritores argentinos: Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges para que dialogaran sobre los más diversos temas, entre ellos de Martín Fierro, el más emblemático personaje de la literatura gaucha.

Algunas reflexiones

Borges: […] Fierro no fue un rebelde. Sábato: Creo que Fierro es un rebelde ante el tratamiento de frontera y las injusticias del tiempo. A partir de su rebeldía accede a esos altos niveles y expresa los grandes problemas espirituales. Borges: Proponer a M. Fierro como personaje es un error. Es como si se propusiera a Macbeth como modelo de ciudadano británico. Sábato: Lo que prueba que un gran escritor no tiene por qué crear buenas personas. Ninguna obra de arte es moralizadora en el sentido edificante de la palabra. Sí sirven al hombre en un sentido más profundo. El artista es por excelencia un rebelde. Si un artista tiene algo que decir, lo dirá igual. No lo va a atrapar nada. Ni la fama ni la policía secreta. Para mí escribir es un desgarramiento. Pienso en primer lugar que el hombre es un ser emocional y en segundo lugar, intelectual. El éxito no es necesario ni suficiente para que la obra sea valiosa. La realidad es infinita y cada artista crea la suya. Una vez dije que el hombre es un dios cuando sueña y apenas un mendigo cuando piensa.Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte. Borges: Cómo, ¿usted le tiene miedo a la muerte?
Sábato: la palabra exacta sería tristeza. Me parece muy triste morir.

El dolor de Barone

El gran Sábato murió el pasado sábado 30 de abril, a poco de cumplir 100 años el próximo junio.
Murió en Santos Lugares, su barrio de siempre, en las afueras de Buenos Aires.
Barone publicó al día siguiente un sentido artículo. “Se murió y sí, se murió Ernesto, mi otro padre. A sus casi cien años morir no es una sorpresa pero no es menos pena. Acaso más tranquila ya que es natural a la vida que alguna vez termina.
Me enseñó –y no significa que aprendí– a no ser ingrato, a no ceder a la frivolidad, a no escribir sin sentimiento, a no privilegiar la vigilia sino el sueño. Y a no subir un escalón más si todavía no pisé fuerte el escalón de abajo. Junto a él compartí momentos de los cuales siempre me llevé algo, y no sé si lo compensé con alguna migaja.
Es la historia la que después teje la ubicación del muerto en este o aquel lugar, o lo desvanece o lo sepulta […]. Si por mí fuera a Ernesto lo ubicaría alto. En la literatura, en el pensamiento, en el humanismo y en la política.
De alguien que vive casi toda una vida en la misma y sencilla casa, en Santos Lugares; en el mismo barrio, junto a los mismos vecinos y a los mismos árboles y plantas; de alguien que amó a los perros y los gatos, a los pájaros, a los escarabajos mínimos y los terrones de tierra de su jardín siendo millonario de tentaciones y de rangos, no hay que dudar: hay que cerrar los ojos y entregarse.
Siempre lo vi usar durante décadas el mismo par de zapatos porque le gustaban. Es un hombre. Insisto, no ‘fue’ un hombre sino que ‘es’. Porque deja su molde entre nosotros”.
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jueves, 7 de octubre de 2010

VARGAS LLOSA, NOBEL DE LITERATURA

Vargas Llosa anunció que acudirá a recibir el premio a Estocolmo el 10 de diciembre.

VARGAS LLOSA GANÓ EL NOBEL DE LITERATURA
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, escritor y académico peruano galardonado hoy con el Premio Nobel de Literatura, es uno de los innovadores de la novela realista y en su fecunda carrera ha cultivado además el periodismo y la crítica de cine y de arte.

Su trabajo ha sido distinguido con los máximos premios hispanos, como el Príncipe de Asturias de las Letras (1986, compartido con Rafael Lapesa), el Cervantes (1994) y el Planeta (1993 por "Lituma en los Andes").

Nació el 28 de marzo de 1936 en Arequipa (Perú). Hijo único, sus padres se acababan de separar en el momento de su nacimiento. Su infancia transcurrió al lado de la familia materna, lejos del país.

Cuando apenas tenía un año se trasladó con su madre a Cochabamba (Bolivia), a donde su abuelo había sido enviado como cónsul. Allí cursó sus estudios primarios en el colegio de La Salle, dio su primer balbuceo literario con sólo 8 años ("Carta al Niño Dios") y vivió hasta 1945, cuando su familia se trasladó a Piura (Perú) durante un año, en el que estudió en los Salesianos.

Sus progenitores se reconciliaron en 1947, hecho que supuso un nuevo cambio de residencia y colegio. La familia se reunió en Lima y Mario Vargas Llosa se formó de nuevo en La Salle.

Su mala relación con su padre -al que suponía muerto pues su familia le había ocultado la separación matrimonial- le marcó profundamente e influyó en su primera producción literaria.

En 1950, tras un intento fallido de ingresar en la Escuela Naval, fue inscrito en el Colegio Militar Leoncio Prado, centro que adquirió fama mundial al aparecer reflejado en su novela "La ciudad y los perros" (1963). La obra provocó el rechazo de la cúpula militar y Vargas Llosa llegó a ser tildado de "comunista".

Más adelante trabajó en los diarios "La Crónica" y "La Industria", estudió literatura en la Universidad de la capital peruana y coeditó "Cuadernos de Composición", así como la revista "Literatura".

No menos trascendente en su vida y en su obra fue su primer matrimonio, en 1955, con su tía Julia Urquidi, diez años mayor que él y de la que se separó en 1964. Urquidi, fallecida en marzo de 2010 a la edad de 84 años, le inspiró su obra "La tía Julia y el escribidor" (1977), que mereció la réplica de su ex esposa, quien a su vez publicó en 1983 un libro titulado "Lo que Varguitas no dijo".

En 1958 obtuvo una beca de estudios para la Universidad de Madrid (España), donde preparó su tesis "García Márquez: Historia de un deicidio", con la que se doctoró en la Universidad Complutense (1971).

En 1959 se trasladó a París. Trabajó en el servicio en español de la Agencia France Presse y, posteriormente, en la Radio TV Francesa.

Entre 1965 - año en el que contrajo segundas nupcias con su prima Patricia Llosa, que le dio tres hijos, Álvaro (1966), Gonzalo (1967) y Morgana (1974)- y 1971 formó parte del consejo de redacción de la revista "Casa de las Américas" y, de 1976 a 1979, presidió el Pen Club Internacional.

A partir de 1966 residió en Londres, donde enseñó Literatura Hispanoamericana en el Queen Mary College británico, hasta 1974, en que se estableció nuevamente en Lima.

Elegido miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua en 1975, se incorporó a la misma dos años después y en los años 80, sin abandonar la narrativa, se introdujo en política y se enfrentó al presidente Alan García por el proyecto de ley de nacionalización de la banca (1987).

Impulsó el conservador Frente Democrático (FREDEMO), por el que concurrió sin éxito a la Presidencia nacional en dos ocasiones: en 1988, cuando sufrió un atentado fallido el avión en que viajaba, y en 1990.

El escritor se ha visto envuelto en polémicas, como la suscitada al romperse su amistad con otro "peso pesado" de la literatura, Gabriel García Márquez, a quien, supuestamente, propinó en 1976 un puñetazo en un cine de México, por motivos que ambos no han querido desvelar.

En 1993 le fue concedida la nacionalidad española, aunque mantiene también la peruana en virtud del convenio bilateral de doble nacionalidad de 1959.

Miembro de la Real Academia Española (RAE), ha sido el primer latinoamericano con asiento en la centenaria institución, tras ser elegido en 1994 e ingresar con un discurso sobre Azorín en 1996.

Antes del Nobel, Vargas Llosa ha recibido el Premio Leopoldo Alas por el cuento "Los jefes" (1959); Premios Biblioteca Breve y de la Crítica española, por "La ciudad y los perros" (1963); Premios de la Crítica española, Nacional de Novela en Perú y Rómulo Gallegos del Instituto de Cultura y Bellas Artes de Venezuela, por "La casa verde" (1967); y Ramón Godó Lallana de Periodismo (1978-1979) por "La libertad y la crítica".

También ha obtenido los Premios Literarios del Instituto Italo-Latinoamericano (1980), por "La tía Julia y el escribidor"; el Pablo Iglesias de Literatura (1981), por "La guerra del fin del mundo".

Además ha logrado los premios Hemingway (1985); Jerusalén (1995); Mariano Cavia de Periodismo (1997); Internacional Menéndez Pelayo (1999); Libro del Año de los Libreros de Madrid (2001), por "La fiesta del Chivo"; y la Medalla peruana de la Orden El Sol (2001).

El Premio de la Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores (2002); el Nabokov del Pen Club de EEUU (2002); el Internacional de la Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras (2002); Bartolomé March al mejor ensayo de crítica literaria (2002) por "La verdad de las mentiras"; Premio Ateneo Americano de la Casa de América (2002); Gran Premio de Budapest (2003); y la Medalla Honorífica del Congreso peruano, en grado de Gran Cruz (2003).

Fue galardonado igualmente con del Premio Internacional Grinzane Cavour de Italia (2004); el Mercosur a las Letras de la Fundación argentina Konex (2004); el Fernando Lázaro Carreter (2005); el Irwing Kristol del American Enterprise Institute-AEI (2005); la Medalla Internacional de las Artes de la autonomía madrileña (2005); el Internacional Don Quijote de La Mancha (2009); la Orden Rubén Darío de Nicaragua, en grado de Gran Cruz (2006); y una larga lista de doctorados "honoris causa" de Universidades de España, América, Europa e Israel.

En 2006 aparecieron sus "Travesuras de la niña mala", una novela de amor que refleja el trasfondo social y político de finales del siglo XX. En la misma se refleja también la evolución de ciudades en las que residió o visitó en algunos momentos de su vida, como Lima, París, Londres, Tokio o Madrid.

Otra de sus aspiraciones ha sido la interpretación. La primera vez que esto ocurrió fue en 2005 para mostrar su novela "La verdad de las mentiras".

Poco después, compartió el escenario con Aitana Sánchez-Gijón para encarnar en Mérida (Extremadura, sur de España) al Ulises de la obra "Odiseo y Penélope" (2006), dirigida por Joan Ollé y que el literato adaptó del poema homérico, y para representar en los jardines de Sabatini de Madrid una versión suya de "Las mil y una noches" (2008), con diseño escenográfico del pintor Eduardo Arroyo y de nuevo con Ollé.

En 2008, retiró en España su apoyo público al Partido Popular para dárselo a la formación Unión Progreso y Democracia (UPyD), alegando que no se siente representado en "actitudes conservadoras reticentes" respecto al laicismo o la homosexualidad.

El 24 de septiembre de 2009 fue galardonado con el Premio Internacional de Ensayo Caballero Bonald 2009, dotado con 30.000 euros, por su libro "El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti " (2008), una obra en la que analiza en profundidad la vida y la obra del escritor uruguayo, al que define como "el primer escritor moderno en nuestra lengua".

Sus viajes están también presentes en su última obra, por ahora, "El sueño del Celta", que acabó en abril de 2010 y será publicado el 3 de noviembre, tras dos años de elaboración, y que se inspira en la vida del irlandés Roger Casement, cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX.

El Nobel concedido hoy a Mario Vargas Llosa llega en el año que su nombre sonaba menos entre los favoritos y poco después de una polémica con el Gobierno peruano por la aprobación de un decreto que podría permitir la liberación de militares y policías procesados por crímenes de lesa humanidad.

El pasado 13 de septiembre el escritor renunció a presidir el Lugar de la Memoria, un proyecto para recordar a las víctimas del terrorismo en Perú, y señaló en una carta que el decreto es una "amnistía apenas disfrazada" para procesados por abusos a los derechos humanos y que existe "una incompatibilidad esencial" entre esa ley y construir un monumento en homenaje a las víctimas del terrorismo.

Horas después el Gobierno peruano presentó un proyecto de ley para derogar el decreto, aunque el presidente, Alán García, negó que la renuncia de Vargas Llosa hubiera motivado esta decisión.